En sesenta segundos puedes alinear orejas con hombros, liberar la base del cráneo y suavizar la tensión suboccipital. Combina un leve autoalargamiento, mentón hacia adentro sin rigidez, y tres exhalaciones lentas. Sentirás el monitor más accesible, la mirada descansada y una estabilidad cervical sorprendentemente duradera para continuar concentrado.
Eleva el esternón con suavidad, desliza los omóplatos hacia los bolsillos traseros imaginarios y rota externamente los brazos sin dolor. Mantén las manos apoyadas, respira profundo y suelta la mandíbula. En un minuto desaparece la sensación de coraza, recuperas amplitud torácica y tu tecleo se vuelve más fluido.
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